El ochomil de Steve Tesich

Por Ricardo Menéndez Salmón

Karoo. Steve Tesich. Seix Barral. Barcelona, 2013. 560 páginas. 19,90 €.

Hay libros falsos por su pretendida ambición, que promete más de lo que entrega. Son fuegos fatuos, profundos sólo en apariencia, que se agotan durante su lectura y mueren a orillas de su propio discurso, provocando irritación. Y hay libros falsos por su aparente sencillez, que esconde un tesoro inesperado. Son fuegos reales, que queman y hieren, dejando en el lector una huella segura. Karoo pertenece por derecho propio a esta categoría de obras que parecen destinadas apenas a agradar, pero que acaban por conmover y perturbar, incluso por admirar. Pues debe ser dicho ya, sin temor a resultar exagerado en el juicio: Karoo es una novela mayor, un libro notable, capolavoro de una vida creativa.

Hermano de leche de algunos de los textos más sugestivos y radicales del último medio siglo, caso de Herzog, de Saul Bellow, o El teatro de Sabbath, de Philip Roth, Karoo comparte con estas majestades no sólo el pulso implacable, una especie de martilleo constante de la prosa, semejante a una catilinaria o a una autopsia dictada por un yo escrupuloso, tan dotado para la sátira como para la filosofía, sino una cosmovisión que considera la vida como abanico de claroscuros, en el que la libertad y el cinismo comparten escenario, pero donde a la postre, a la hora de los balances, la existencia se revela una disciplina tragicómica. Cuando todo se derrumba queda un resquicio para la parodia, pero si eres obscena, ridículamente feliz, no olvides que la carcoma se estará comiendo en ese preciso instante los muebles de tu palacio.

karoo

Karoo supone, así, un doble emético para la voluntad: libera la catarsis de la tragedia y descarga la ironía de la comedia. Su lectura nos hace menos nobles y dignos de lo que nos gusta pensar que somos, pero también menos malvados de lo que imaginamos en nuestras ensoñaciones más mefistofélicas. Un libro que arranca con una fiesta donde se debate el acento tónico de los apellidos rumanos mientras su protagonista intenta escapar de su ex esposa y de su hijo adoptivo para, quinientas páginas más tarde, acabar con ese mismo hombre desangrándose en un váter mientras fabula con un Ulises estelar que recorre eones de tiempo a la busca de una isla que ya no existe, es un viaje demasiado ancho como para prescindir de las alforjas de la risa y del llanto.

Y es que Karoo es siempre demoledor, pero nunca nihilista. Arrasa los cimientos de un modo de ser y de estar en el mundo, pero al tomar conciencia de sus límites, reinventa una realidad superior a la que destruye, la de la ficción, contenida en esas últimas cuarenta páginas que lo clausuran y merecen figurar en cualquier antología de la historia de la literatura. En efecto, pocas, muy pocas veces el lector se encontrará con una novela que termine de modo tan memorable, nieve perpetua en el ochomil que Steve Tesich no llegó a ver publicado en vida. Pues Karoo es adictivo y frenético, pero jamás sencillo. La maestría de su autor para organizar un material tan complejo formalmente con una diafanidad tan extraordinaria es su misterio decisivo. En ese sentido, Karoo no sólo es importante por lo que dice, sino por cómo lo dice, y el empleo de Tesich de la primera persona en cuatro quintas partes de la novela antes del finale triunfante en tercera persona, supone una lección inolvidable.

El verano es franja empleada por los sellos editoriales para el relleno de su catálogo con juguetes ligeros, sin pretensiones, pero la fecha de aparición de Karoo (mes de junio, a las puertas del dolce far niente) no debe mover a engaño. El lector que se acerque a este libro, cuyo lema bien podría ser un aforismo del propio protagonista («No es agradable el momento en que para mejorar tu vida sólo te puedes derrocar a ti mismo»), no sólo tendrá entre sus manos uno de los mejores libros del año en curso, sino, sin asomo de duda, una de las grandes novelas que se publicaron durante la última década del siglo veinte.

 

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Sobre Ricardo Menéndez Salmón:

Licenciado en Filosofía y novelista. Ha obtenido más de cuarenta premios literarios y es reconocido como uno de los narradores españoles más originales e intensos. Sus últimas novelas son La ofensa, Derrumbe, El corrector y Medusa, todas publicadas en Seix Barral.

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3 Comentarios

  1. Fran G. Matute
    04/10/2013 at 18:43 · Reply

    Hemos leído un libro totalmente distinto… 😉

  2. sol bueno miñambres
    05/10/2013 at 10:25 · Reply

    En mi opinión,tus críticas son tan ricas como tus libros.Gracias y saludos.

  3. sol bueno miñambres
    05/10/2013 at 10:29 · Reply

    En mi opinión,tus críticas son tan ricas como tus libros.Gracias y saludos

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