Entrevista exclusiva a Mark Z. Danielewski (y reseña de Casa de hojas)

Por Esther García Llovet

Cuando “House of Leaves” se publicó en el 2000 pensábamos que literariamente ya no podía haber nada nuevo bajo el sol pero nunca se nos ocurrió que podría haberlo bajo tierra. “House of Leaves” o “Casa de hojas” como ahora publica Pálido Fuego junto con Alpha Decay es un libro (¿es un libro?) que transcurre bajo tierra, que fue escrito en lo más negro, y que una vez leído se queda ahí, en la oscuridad de la memoria, cayendo en el infinito primal que  separa el Amor del Terror absoluto. “House of Leaves” podría también traducirse como “Casa de Abandonos” y va de eso, del terror, la pena, y el amor como algo que hay que entrar a buscar para no encontrarlo jamás en el laberinto. “House of Leaves” en lo narrativo se resume así: Johnny Truant, un chaval de Los Angeles que trabaja en un garito de tatuajes se muda a un piso barato donde encuentra un manuscrito, el del viejo Zampanò, en el que se documenta la historia de la familia Navidson. A partir de este Ground Zero, más o menos cómodo -hay mucha noche y locura y soledad ya desde el principio-, empezamos el descenso al nivel subzero: la casa en la que entran a vivir los Navidson -una pareja al borde de la crisis y dos niños pequeños- comienza a crecer. Por dentro. Casi imperceptiblemente al principio; el exterior sigue igual. El padre -un periodista que ha colocado cámaras de vídeo por todas las habitaciones, algo que suena a ya visto en Paranormal Activity si no fuera por que Danielewski escribió esto a principios de los 90- su hermano gemelo y un amigo se adentran en la casa, que ya no es un poco más grande por dentro que por fuera sino que se está desplegando en todas direcciones. Hacia abajo. Incansablemente. Para siempre: “Casa de Hojas”, es esto, esta pesadilla que todos hemos tenido y que por primera vez leemos y reconocemos, fuera de nosotros mismos, solo para comprobar que es aún más terrorífica que en los sueños. Esta es la pesadilla que leemos. Además está la pesadilla que vemos y que es el libro en sí mismo, el objeto. “House of Leaves”, como buen libro de culto, tuvo una trayectoria muy Danielewski: al principio circuló en forma de fotocopias mal cosidas por el underground angelino hasta que fue a  caer en manos de alguien de Phaidon que tuvo el coraje de publicarlo. “House of leaves” es mucho más que un texto, es un laberinto tipográfico y sospecho que la pesadilla -otra- de cualquier maquetador porque reproduce en sus páginas tanto el plano físico imposible de la casa como el transcurso temporal de algunos acontecimientos. Hay multitud de notas a pie de página, columnas con miles de nombres de arquitectos -¡Ricardo Bofill!- y elementos arquitectónicos, tipografía inversa, especular, fantasmagórica. El libro en sí mismo es otra casa. Un artefacto. Danielewski, que es hijo de realizador de cine y estudió cine en la University of Southern California, consigue algo endiablado y es la sensación a ratos terrorífica de que el miedo y la desolación que se experimentan al leer el libro son de alguna manera grabados y recogidos por el libro mismo, como una cámara de vídeo, idéntica a las cámaras de vídeo instaladas en la casa. Y ese miedo la alimenta, a la casa, que seguro existe en alguna parte. Es probable que cuando el lector acabe “House of Leaves” no quiera guardarlo en la librería, si no dejarlo fuera, lejos, en el patio de atrás, igual que en “Poltergeist” sacan el televisor de la habitación de motel con la esperanza de que el terror se quede fuera. Como si eso ocurriera alguna vez.

Y aquí la entrevista que me concedió por Skype, después de diez minutos (míos) de pelea digital con el sistema y que Danielewski tuvo la educación y paciencia de aguantar sin perder el tipo.(*)

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¿Qué fue de “Redwood”?¿Se publicó en algún momento o lo utilizaste como cimientos para “House of Leaves”?

Bien, el comienzo de “Redwood” es una parte interesante de la historia. Verás, igual que hay elementos de un edificio que se cimentan sobre piedras muy antiguas, hay partes de “House of Leaves” que se remontan a 1987 y 1988 y partes de “Redwood” a 1985, cuando vivía en París. Estaba pasando un verano allí. Pero creo que el “Redwood” al que te refieres es el que escribí cuando ingresaron a mi padre en el hospital. Yo estaba viviendo en Nueva York entonces, después de haber pasado un año en París, cuando recibí una llamada. No tenía dinero para ir a ver a mi padre y mi hermana me metió literalmente en un Greyhound -autobús-. La estación de autobuses de Nueva York se encontraba entonces en un sitio muy cutre, cerca de Port Authority. Aquella estación producía verdadero miedo, lo que aumentó la ansiedad que me provocaba la idea de ir a ver a mi padre al hospital. Así que me fui allí, al fondo del autobús, con un boli y una resma de pape,l y en lugar de irme a dormir empecé a escribir esta historia- pieza de teatro-lo que fuera ,y cuando acabé tenía esto: “Redwood”, que mostré a mi padre cuando me encontré con él. Lo leyó y su único comentario fue: “¿Por qué no buscas un trabajo en Correos?”. Mi intención era que fuera un regalo para él, una expresión de mi pena e inseguridad por su situación, aunque también quería impresionarlo: mira lo que tu hijo ha hecho en tres días. Y mi reacción a este comentario fue romperlo todo en pedazos, una especia de suicidio literario, y no volver a escribir jamás.

¿Tenias unos veintitantos?

Sí, veinticuatro. Así que lo tiré todo al basura, pero unos días más tarde mi hermana se sentó conmigo a cenar y sacó un sobre donde se encontraban los restos que había salvado de la papelera. Y me resucitó literariamente. En realidad “Redwood” tiene más que ver con el libro que me encuentro escribiendo ahora, “The Familiar”, que trata sobre una niña de doce años que se encuentra un gatito.

¿Cómo es que has leído a Roberto Bolaño?

Ahora es muy conocido aquí. Había oído rumores acerca de él cuando se publicó “Los Detectives Salvajes” hace unos años. Creo que es el tipo de autor que se dirige a otros autores. Un amigo mío que no es muy fan de Bolaño dice que es como el Henry Miller de nuestro tiempo por la forma que tiene de dirigirse a todos los escritores del momento, de una manera un poco banal. Yo no creo que sea así en absoluto. Más bien me parece, sobre todo en “2666”,  y “Estrella Distante”,  que incluso a nivel sintáctico, en cada frase, hay una manera de invocar lo oscuro y lo sexual-sensual y de rematarlo y salvarlo con un toque de humor, que me parece milagroso. Aquí empezó a tener mucho reconocimiento, en especial porque se comentaba el tema de su traducibilidad, ya antes de “2666”. Yo ya había leído Los Detectives y Estrella y cuando oí hablar de este monstruo que asomaba por el horizonte me apasioné porque me encanta la tradición de la gran Ballena Blanca, tipo “El Arco Iris de la Gravedad”, y refiriéndose además al tema de Ciudad Juárez. Me pareció todo parte de la misma búsqueda.

Creo que si algo tenéis en común Bolaño y tú es esa oscuridad. ¿No sentías miedo cuando escribiste “House of Leaves”?

(Se ríe). ¿Dónde vives? (sic).¿En Barcelona?

En Madrid.

En “House of Leaves” el lazo entre los hermanos resulta más fuerte y estrecho que el lazo entre la pareja.

Vaya, es interesante eso. Bien, volviendo a tu pregunta original sobre el miedo, creo que por una parte hay una ingeniería o arquitectura que sostiene “House of Leaves” de la misma manera que cada libro es de por sí un envase que contiene el espíritu del autor, su resplandor, para entregarlo al lector. Pero es que además en este caso está la construcción de un artefacto que asemeja un libro y que me llevó diez años construir, lo que me parece un misterio, ya que este artefacto no contiene ni tiene que ver con el contenido, con el resplandor, sea un resplandor de alegría, o euforia, o miedo, u horror. Si me hubieras hecho esta pregunta trece años atrás te habría contestado con bastante arrogancia sobre cómo y por qué funciona el libro. Pero después de  muchos años de conversar con lectores tengo mis dudas sobre cómo es que el libro guarda tanta oscuridad en su interior. Así que, sí, creo que hay mucho miedo en “House of Leaves”, pero más bien un miedo que tiene que ver con el hecho de enfrentarnos a cada momento con la oscuridad que nos rodea a todos. Creo que Bolaño también hacía eso, incluso cuando escribía sobre algo que ocurría en una playa luminosa, estaba constantemente refiriéndose a la gran y terrorífica pregunta: qué precede a la vida y qué viene después de la vida y si la vida realmente justifica su propio coste. Si merece la pena toda esta empresa, esta destrucción de mares y bosques y si todo este consumo de energía se traduce en algún tipo de creación que esté a la altura. Creo que en toda obra de creación, no solo literaria, hay algo de culpa, de ser conscientes del coste que supone ser alimentado y vivir en este mundo y pretendemos con nuestra obra devolver algo que nivele toda esa energía consumida. Veo esa ansiedad transparentándose en Bolaño y en gran parte de la ficción literaria. Creo que en “House of Leaves” la encuentras en cada esquina que doblas. Como tú dices con respecto a la relación entre la pareja, es cierto que no resulta central en la historia. Sí hay mucho deseo (Johnny desea a Thumper), pero lo que realmente subyace es un drama familiar americano, a la manera de Eugene O´Neill. Y con esto vuelvo a tu pregunta, ya que mi hermana y yo estábamos asumiendo la muerte de mi padre, y en qué lugar colocaba su muerte a mi madre, cómo afectaba a nuestra relación, y cómo podríamos salir de esa casa familiar y seguir adelante. Mi siguiente libro, “Only Revolutions”, es precisamente sobre dos chicos que quieren salir de casa. Así que creo que llevas razón en lo que te refieres a “House of Leaves”, algo que luego resuelvo en “Only Revolutions”.

¿Empezaste a escribirlo después de la muerte de tu padre?

Empecé antes. Mi padre murió en el 93 y yo ya llevaba tres años: poemas, notas sobre Johnny Truant y la familia Navidson. Pero fue después de su muerte cuando se me ocurrió lo de la casa. Una casa que al principio es solo una pizca más grande por dentro que por fuera, y pensé: esto podrá ser una nota a pie de página, o un poema o algo a la manera de Borges o Calvino, y no fue hasta meses después que caí en la cuenta de que eso era todo lo que organizaba y estructuraba lo que llevaba escribiendo durante tres años. Tuve que hacer mucho trabajo de investigación, de alguna manera me parecía que estaba escribiendo no ficción, pero de pronto se solidificó en algo que resultó ser el hilo argumental. Y así construí alrededor de esto, incluyendo algunas ideas sobre cine que tenía en la cabeza y que de alguna manera recogí de mi padre.

¿Así que esto que llaman literatura ergódica lo tenías en mente antes de empezar a escribir o se te ocurrió sobre la marcha?

(Se ríe). ¡Eso de ergódico lo has visto en la Wikipedia! Pregunta a cualquiera y nadie en el mundo académico sabrá de qué hablas.

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¡Qué alivio!

Cuando alguien me pregunta sobre esto digo: ya está. Miró la Wikipedia. Y referente a tu pregunta: nada ocurre por que sí. Hay muchísimo trabajo ahí. Siempre encontrarás referencias a Derrida, a filósofos alemanes y franceses, Cervantes. Todas esas son mis pasiones. Me encanta leer a Kierkegaard, Don Quijote, Borges. Piensa por un momento en que este anciano, que ha escrito todo este material, en parte lo que persigue escribiendo es algo que tiene mucho que ver con las actuales redes sociales. Él lo que quiere es escribir una historia que contenga su propia soledad. Ahora cuelgas cualquier cosa en Twitter o Facebook y tienes un coro de voces que te contesta, que te da un sentido de comunidad, aunque luego no sea real, pero disponemos de esa cámara de ecos. Pero este tipo (Zampanó)  no contaba con nada de eso; él afronta su propia oscuridad literaria, porque de hecho es ciego, y su soledad. Algo que nunca he comentado es el hecho de que yo fui aprendiz de fontanero en mi juventud, el equipo punk-rock de fontaneros de Hollywood. No tenía nada de glamuroso, íbamos a clubs muy glamurosos, sí, y cuartos de baño de estrellas de segunda, pero para arreglar el váter y desatrancar tuberías. Pero también íbamos a apartamentos donde acababa de morir alguien. Mi jefe solía contarme de apartamentos donde había vivido algún anciano o que habían habitado escritores que nunca consiguieron publicar, que jamás vieron nada suyo impreso, y tenían el piso atestado de cuadernos y manuscritos, papeles y libros hasta en la nevera, donde no había alimentos porque preferían comer comida china de la esquina antes que ocupar la nevera. Libros por todas partes. Hombres muy solos.

Eso suena a Henry Darger.

Sí, hay algo de Darger en eso. Aunque Darger era más obsesivo con el tema de las niñas. Creo que se ha sexualizado demasiado el tema de Darger. Pero yo me refiero más al tema de la senectud, de llegar a los setenta solo, sin hijos ni nietos ni compañía de ningún tipo, de haber desaparecido de la mirada de los que te rodean. Te pregunto a ti, si esto te gustaría.

Necesitamos un testigo de nuestra vida.

Sí. Exacto. Hace poco he aprendido algo de un par de santos. No santos que entrarían en el concepto de santidad de la iglesia católica, pero santos por que tienen una sabiduría y bondad que les permite hacer del mundo un lugar mejor. Hablábamos de la gente sin techo y de si al darles unas monedas se lo gastarán en drogas o qué. Y me decían que basta y es suficiente con mirarlos y desearles lo mejor. Dejarles saber que han sido vistos. Quizás si eres mujer puede llevar a una situación algo equívoca, pero siempre te lo van a agradecer. Si eres sincero. Eso es, alguien que testifique que estás ahí.

Hay algo muy inquietante en tu libro. Cuando los personajes entran y bajan a la casa, nunca sabes qué acaban de encontrar, el lector tampoco acaba de saber qué se esconde allí abajo, que encierra el corazón de este laberinto, sólo descubre que los que regresan traen el amor o la muerte. ¿Qué encontraste tú?

(Se ríe). Creo que más bien, al igual que Navidson, volví destrozado, congelado y hecho polvo, pero pienso que lo que traje conmigo fue futuro. Y ahora vuelvo a tu pregunta primera sobre el miedo, porque durante mucho tiempo pensé que me perdería en el libro y no podría acabarlo. Hay algo triste que te voy a contar. Tuve la suerte de conocer a David Foster Wallace- Acababa de publicar “Oblivion”, que estaba dedicado a su mujer, Karen Green, que es el mismo nombre que la mujer de Navidson, en mi libro. En “House of Leaves” es ella, Karen Green, la que hace que Navidson salga de la casa. Lo que decías antes sobre que el vínculo entre hermanos es más fuerte que en la pareja, yo diría que en realidad es poder desbaratar la neurosis de tu propia familia lo que permite el amor de pareja, para poder formar una familia futura. Así que a pesar de lo salvaje que resulta todo diría que en este sentido “House of Leaves” tiene un final feliz. Lo curioso es que esta casa resulta familiar a mucha gente. La conocemos. En nuestros sueños, en nuestras obsesiones. Cuando David Foster Wallace estaba escribiendo “EL rey pálido” habitaba una casa similar con Karen Green. Él nunca consiguió salir de esta casa a pesar de los esfuerzos de ella. No se la puede culpar. Siempre me sorprendió esta coincidencia (de los nombres). Me llama la atención el éxito de “House of Leaves” tantos años después;  yo tenía tantísimas  dudas. Todo resultaba muy oscuro. Cuando escribes hay algo que bordea el suicidio y la locura. Los pensamientos son demasiado calientes, o fríos. Así que sí, creo que salí de esa casa trayendo el futuro conmigo. Podré volver a respirar, podré escribir otro libro. Eso pensé.

Sí. Además escribes libros muy largos. “The Fifty Year Sword” y “The Familiar” son libros muy largos. ¿Cómo te sientes en la pausa entre cada libro?

Bueno, espera. “The Fifty Year Sword” lo lees en media hora.

Y “The Familiar” son veintiséis volúmenes.

Sí. Ayer mismo estuve pensando en todo esto. Mi padre y su familia provenían de Europa del Este. Cuando llegaron los nazis se fue a Inglaterra y de ahí a los Estados Unidos, abandonando su país, su idioma, partiendo de cero en otro lugar, con todo lo que eso significa. Mi madre sin embargo desciende de las primeras familias que se asentaron en el país hace más de trescientos años. Así que creo que tengo esos genes en mi ADN, esto de ir a visitar tierras desconocidas. Creo que eso es lo que hago con mis libros, un viaje interior. Por eso siempre me propongo algo que esté muy por encima de mis posibilidades. Pensar que tengo que escribir veintisiete volúmenes ahora, me mata. Tengo que tener acabados dos para principios de abril y eso ya me parece demasiado. No sé si es un tema de ego o de ambición, pero la idea de hacer algo que se salga de lo que me resulta cómodo, algo que rompe los moldes, que afecta a mis relaciones personales, incluso esta conversación -porque en cuanto nos digamos adiós voy a tener que ponerme a escribir-, todo esto que me lleva a consumir al límite mi capacidad investigadora y mental, esa es en realidad la experiencia que busco. El acto de fe. Volviendo a Bolaño, creo que eso mismo buscaba él, arriesgarlo todo. En cada cosa que escribes.

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Volviendo a “House of Leaves”. Acabas de regresar de Dubai. ¿Has ido por promoción de la traducción?

En realidad he ido a los Emiratos, a un Festival Literario al que me habían invitado. Me ha venido muy bien porque tenía que ir a los Emiratos y a Singapur para cierta documentación que necesito en  “The Familiar”.

Escribiste “House of Leaves” hace veinte años. ¿Qué te parece la repercusión que está teniendo ahora en las traducciones a otros idiomas? ¿Cambiarías algo si lo escribieras hoy?

No, desde luego que no. Es como un hijo: ha crecido, tiene amigos, conversa con gente que nunca conoceré. De vez en cuando me viene alguien diciendo que el libro le ayudó a encontrar su voz, como escritor o pintor o fotógrafo. Creo que este espacio que creé conforma un lugar donde el lector encuentra su propia voz y con eso ya tengo más que suficiente. No cambiaría nada. Ha sido traducido a muchas lenguas pero me gustaría decir que la versión española me parece increíble. Mira la página de los artefactos, en los apéndices, la que tiene el texto escrito a mano, ¡lo han traducido al español con la misma caligrafía! Y las fotos  en color, también han traducido los textos de los letreros. Alpha Decay ha hecho un trabajo extraordinario.

Sí, es un trabajo conjunto de Alpha Decay y la editorial Pálido Fuego. Pero si tanto te ha gustado, ven a vernos. Vuelve a España otra vez.

Sí, iré a finales de abril. Iré a Barcelona y a Madrid.

Bien. Quería agradecerte tu tiempo y disculparme porque la entrevista ha sido sin vídeo, solo en audio. Finalmente ¿Te gustaría decirle algo a los lectores españoles?

Es interesante que la entrevista haya sido a oscuras, sin vernos, la misma oscuridad de “House of Leaves”. Más allá de lo anecdótico de imaginar como eres o tú imaginar cómo soy yo, hemos tenido que centrar nuestra imaginación en todo lo hemos estado hablando, que creo que es más interesante. Y respecto a mis lectores españoles, estoy deseando verlos y escucharlos. Me encanta que haya salido en español, estuve viviendo en España dos años cuando era muy joven. Mi padre estaba haciendo una película que luego fue confiscada por el gobierno. Mi madre solía llevarme al museo de El Prado. Pero más allá de eso me gusta el hecho de que se traduzca al español en un momento en el que tanto en España como en México la producción  literaria está resultando excepcional, vibrante. Quiero también hablar con gente que haya leído ambas versiones para saber cómo ha sido la traducción. En términos de producción material del libro, es el mejor sin duda, es una réplica perfecta del original,: la tipografía, el color, todo. Hay traducciones al alemán y al francés, pero sin esta calidad y fidelidad al original.

¿Qué estás leyendo ahora, hoy mismo?

Estoy leyendo la “Poética del Aire”, de Gaston Bachelard, releyéndolo en realidad y retomando “House of Leaves”, porque me han pedido una introducción para una nueva edición aquí, en Estados Unidos. Leer de nuevo la “Poética del Aire” es un poco como entrar de nuevo “House of Leaves”, algo que no había hecho en muchos, muchos años.

Sigue creciendo, te aseguro que “House of Leaves” sigue creciendo. Aquí vas a encontrar una Casa de Hojas esperándote en abril. Nos alegra mucho saber que estás contento con la versión española. Ya vamos por la segunda edición y no ha pasado ni un mes.

Es increíble. Por favor, seguro que antes de que yo vaya en abril te vas a cruzar con toda la gente que ha estado involucrada en el proyecto. Transmíteles mi entusiasmo y agradecimiento. Y mi enhorabuena también. Estoy deseando conocer a los traductores.

Fue Javier Calvo.

Felicitaciones.(**)

(*) La entrevista fue de unos cincuenta minutos que he editado por cuestión de espacio.

(**) En español.

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Sobre Esther García Llovet:

Esther García Llovet es una de las narradoras más imaginativas y perturbadoras de las últimas décadas. Es psicóloga clínica. Ha publicado las novelas Coda (Lengua de Trapo, 2003), Submáquina (Salto de Página, 2009) y Las Crudas (Ediciones del Viento, 2009).

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