Entrevista a Patricio Pron

Por Juan Gómez Bárcena

Patricio Pron (1975) regresa al género del cuento con La vida interior de las plantas de interior (Editorial Mondadori, 2013), libro con el que confirma la calidad de sus anteriores trabajos, y también su predilección por los títulos largos y enigmáticos –El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan; El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia-. Enigmático, sobre todo, por esa redundancia de la palabra “interior”, que el propio Pron atribuye a su recuerdo defectuoso de cierto disco de Stevie Wonder, que al final resultó no existir, o al menos no tal y como el autor recordaba. Ha respondido a las preguntas de micro-revista:

Acabas de publicar tu último libro de cuentos, La vida interior de las plantas de interior. ¿Qué encontrará el lector en él?

Una mujer que llora en la cola del supermercado, un anciano encerrado en el baño de un avión que cree que el avión se va a pique, el jurado de un concurso literario de provincias que por fin descubre al escritor que siempre ha estado buscando, un perro que aparece en cincuenta y cuatro pinturas de Pablo Picasso y odia a los comunistas, un albatros que vive en la gran Mancha de Basura del Atlántico, un caballo prehistórico que piensa en Empédocles de Agrigento, una joven que sólo come puré de patata deshidratado, una mujer en una lavandería en Bélgica que lee noticias de actrices porno muertas, dos aspirantes a escritores que giran en la nada y otro que vive bajo el gran escritor argentino vivo, un niño que se corta las piernas y el rostro con un cuchillo, dos amigos que les ponen caras a las nubes, una florista obsesionada con un viejo cliente suyo, un actor porno que huye de sí mismo; ese tipo de cosas.

¿En qué se parece y en qué se diferencia esta propuesta de tu anterior libro de cuentos, El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan?

En El mundo […] se presentaban limitaciones específicas vinculadas con el tema de los relatos, que era o debía ser la Alemania contemporánea, y con sus personajes, que tenían que ser alemanes; en contrapartida, en La vida interior […] he tenido una libertad mayor para escribir sobre otras épocas y otros sitios y, en ese sentido, pienso que éste es un libro más libre que el anterior, aunque no menos programático en muchos aspectos.

Personalmente, tengo la sensación de que en La vida interior de las plantas de interior concedes más importancia al uso del humor y la ironía, combinados por cierto con narraciones que muchas veces son tristes o incluso crueles.

Así parece, aunque, de hecho, si no recuerdo mal, también había varios relatos en El mundo […] que presentaban algunos de esos rasgos. No es algo premeditado, sin embargo: sencillamente esa mezcla de tristeza y humor parece ser el resultado de la forma en que veo el mundo.

Aunque los cuentos manejan temas diversos, el libro posee una fuerte unidad. ¿Cómo crees que se consigue este efecto?

No lo sé: cuando reúnes los textos que formarán parte de un libro como éste partes de la presuposición de que estás reuniendo una producción muy heterogénea, sólo para descubrir inmediatamente que, al parecer (y contra lo que pensabas), esa producción ha estado girando durante años alrededor de ciertos temas y obsesiones que ni siquiera recordabas que te hubiesen interesado y que hubieras tenido. En ese sentido, La vida interior de las plantas de interior tiene mucho de descubrimiento para mí, y quizás también lo tenga para algunos lectores allí afuera.

En algunos de tus cuentos la literatura casi se ha convertido en un personaje, en una línea que me recuerda al mejor Roberto Bolaño.

Bueno, supongo que resulta inevitable que escribas sobre literatura y sobre escritores cuando ambos son tus ocupaciones principales y tú eres uno de ellos. Ese fue el caso de Bolaño, pero la tradición a la que perteneció y en la que se inscriben algunos de estos textos míos es mucho más extensa y tiene como autores destacados a escritores como Marcel Schwob, Jorge Luis Borges, Stanisław Lem, Max Aub, Enrique Vila-Matas, Peter Carey, Ricardo Piglia y muchos otros así.

Uno de los cuentos que más me han interesado del libro es Un jodido día perfecto sobre la Tierra, basado en tu papel como jurado de concursos literarios de provincia. ¿Podrías hablarnos de esa experiencia?

No hay mucho que contar sobre ella, ya que lo más importante de esa experiencia está narrado en el relato que mencionas, apenas desfigurado por los requerimientos de la ficción: en dos o tres ocasiones fui parte del jurado de concursos literarios de provincias que yo mismo había ganado en su momento, y esto me permitió conocer el funcionamiento de esos jurados, al tiempo que me dio la oportunidad de situarme (por decirlo así) en la acera de enfrente para ver qué podía interesar a un jurado de ese tipo de concursos y por qué se premiaban unos libros y otros no. Mi impresión fue que deberíamos reconsiderar la importancia que otorgamos a este tipo de concursos, ya que su funcionamiento está viciado por la imposibilidad de comparar unos textos literarios con otros, lo que, más que la supuesta corruptibilidad de los jurados y sus vínculos de amistad con unos autores u otros (que seguramente existen pero de los que yo no tuve noticia en el breve período en que fui jurado y en esos concursos), invalida de algún modo su resultado. ¿Qué es, finalmente, una “buena” novela? ¿Qué la hace mejor que otra? ¿Cómo podemos comparar, digamos, una novela romántica y una de ciencia ficción y determinar a cuál se le otorga el premio? Esas son las preguntas que me hice durante ese breve período como jurado de concursos literarios de provincias, y pienso que todavía son preguntas pertinentes, de allí que escribiese Un jodido día perfecto sobre la Tierra.

En algunos textos incluso te atreves hacer un juego metaficcional. Así sucede en Diez mil hombres, donde te incluyes como personaje y haces referencias a tu novela El comienzo de la primavera.

Así es (con la salvedad de que casi todo lo contado en ese relato es verdadero, aunque no muy verosímil).

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Me ha resultado particularmente complejo el cuento “Como una cabeza enloquecida vaciada de su contenido”, donde concatenas una sucesión causal –y al mismo tiempo casi “casual”- de hechos muy diversos. En él nos cuentas la historia de una peluca desde su desaparición en la Mancha del Atlántico hasta su fabricación, y aún más atrás, hasta la formación del petróleo que la compone, 50 millones de años atrás. ¿Cómo surgió esta atractiva idea?

No estoy seguro, aunque es posible que venga de cierta impresión que tengo de que la supuesta literatura política contemporánea en español (incluyendo lo que estos días llamamos “la novela de la crisis”) no es política en absoluto (o, siéndolo, es reaccionaria a pesar de sus autores), ya que se articula sobre los personajes y no sobre las relaciones entre los personajes, que son las que son eminentemente políticas. Al escribir el relato pensaba que una literatura realmente política debería volcarse sobre esas relaciones antes que contar los infortunios de un personaje individual como si éste estuviese desmigajado de la sociedad a la que pertenece. Un tiempo antes había leído una novela breve de Peter Adolphsen titulada Machine (Trad. Blanca Ortiz Ostalé. Madrid: Lengua de Trapo, 2010) y volví a pensar en ella y en el hecho de que proponía una forma que podía ser utilizada para poner el énfasis en los vínculos entre personas distantes físicas y temporalmente como las que aparecen en “Como una cabeza enloquecida vaciada de su contenido”, y la usé.

Tal y como señalo en la reseña en micro-revista, muchas veces tus personajes están aquejados por diferentes patologías mentales, pero en último término parece ser la sociedad la que se revela como auténtica enferma. ¿En qué consiste ese diagnóstico que haces de la sociedad?

No tengo la impresión de que yo haga diagnósticos, sino más bien de que propongo algunas hipótesis sobre los males que nos afectan, pero es tarea del lector encontrar, evaluar y poner en cuestión esas hipótesis, enterradas como están en los relatos. Esta es la forma en que los escritores y los lectores dialogamos, y monologar sobre los que creo que son los grandes problemas de nuestro tiempo sólo serviría para entorpecer ese diálogo.

 Uno de tus intereses como narrador parece ser la memoria, o mejor dicho, la falta de ella. Por ejemplo, la protagonista de El Nuevo Orden de la Última Lluvia es una actriz porno que parece haber perdido la suya, y no es por tanto capaz de dotar de sentido a su vida. En cierto modo este personaje recuerda al protagonista de tu novela El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, que estaba aquejado de un problema similar. ¿Qué te resulta tan interesante de la memoria? ¿Crees que puede sobrevivir la identidad de un individuo sin ella?

No creo que un individuo pueda determinar cuál es su identidad y qué la constituye sin esa memoria; hablar de ella es una manera de referirse a lo que es y no a lo que sería deseable que fuera, y supongo que esta es la diferencia entre la literatura realista y aquella que no lo es, incluso aunque esa literatura realista sea tan poco ortodoxa como la mía. Por lo demás, también es una preocupación personal, ya que tengo enormes dificultades para recordar cosas después de los accidentes y los abusos que cuento en El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia y que son reales (aunque, una vez más, tal vez no sean particularmente verosímiles).

A lo largo de tu carrera has ensayado con gran éxito tanto cuento como novela. ¿Qué dificultades, y qué ventajas, plantea el género del cuento frente a la novela?

Verás, me resulta difícil establecer una comparación como la que me propones: ambos géneros (como todos los géneros literarios) son el resultado de definiciones y redefiniciones permanentes a lo largo de los siglos y, por consiguiente, no se dejan caracterizar con facilidad, lo que hace particularmente difícil compararlos. Mi impresión es que la diferencia sustancial entre ambos radica en que, mientras la novela permite crear una voz narrativa y perfeccionarla profundizando en ella durante un largo período de tiempo, el cuento requiere que esa voz narrativa se desarrolle plenamente en un espacio de tiempo muy reducido. Ambos géneros requieren habilidades diferentes de parte del autor y de sus lectores y ambos los recompensan de formas distintas, de modo que los dos son perfectamente complementarios para mí como lector y como escritor al igual que para muchas otras personas.

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 Sin duda uno de los elementos más llamativos de tus obras está en los títulos, generalmente largos y enigmáticos. ¿Cómo surge el título de La vida interior de las plantas de interior?

Es una larga historia que (como casi todas las largas historias) no es muy interesante: yo creía recordar un disco de Stevie Wonder titulado La vida interior de las plantas que busqué sólo para descubrir que no se titulaba así sino La vida secreta de las plantas, que no era un disco autónomo sino la banda sonora de un filme, que el filme tampoco era independiente sino la adaptación de un libro con el mismo título, que ese libro era fantástico. Mientras todo esto sucedía, yo seguía pensando en el título y éste se fue transformando en mi cabeza hasta convertirse en La vida interior de las plantas de interior. Retrospectivamente, pienso que es el título más adecuado para un volumen de relatos como éste, en el que hay bastante vida interior (con sus connotaciones psicológicas y posiblemente también metafísicas) pero también mucha puerilidad, en la forma de algo tan habitual y en lo que pensamos tan poco como las plantas de interior: los cuentos de La vida interior de las plantas de interior se componen de esa mezcla de trascendencia y de banalidad que es parte de la vida de todos nosotros, de allí el título.

Eres argentino de origen, pero has vivido mucho tiempo en Alemania y España. ¿En qué crees que estas experiencias han enriquecido tu producción literaria?

Quizás lo más importante de estas experiencias es que me han permitido acceder a un conocimiento distanciado de las tradiciones literarias en las que se inscriben mis libros y han hecho posible ese tránsito a otra lengua que yo siempre he admirado en autores como Vladimir Nabokov, Samuel Beckett, Copi y otros, con la salvedad de que mi cambio de lenguaje literario se produjo en el interior de mi lengua materna, el español, lo cual es mucho más difícil que lo que hicieron los autores que menciono.

¿Estás trabajando en un nuevo proyecto?

Sí, pero es sólo una conjetura, y yo siempre prefiero hablar de hechos.

Nace en Santander en 1984, aunque posteriormente reside en Córdoba, Budapest, México DF y Madrid. Licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada (UCM), en la actualidad concluye sus estudios en Filosofía (UNED) e Historia (UCM). Es autor de las novelas El héroe de Duranza (Ed. Ir Indo, 2002) y Farmer Stop (Ed. Complutense, 2010) y con sus obras ha obtenido, entre otros, los premios José Hierro de Relato y Poesía del Ayuntamiento de Santander, el Premio Internacional CRAPE de cuento o el Premio de Narrativa Ramón J. Sender, y ha sido finalista del XII Premio Mario Vargas Llosa NH de libro de relatos. Como reconocimiento a su labor literaria fue becado por la Fundación Antonio Gala y por la Fundación Caixa Galicia, y disfrutó de una residencia en México DF patrocinada por el FONCA. Actualmente reside en Madrid. Su última obra es el libro de relatos Los que duermen (Salto de página, 2012)

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan(2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013). También de las novelas Formas de morir (1998),Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia(2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris ReviewZoetrope (Estados Unidos), die horen(Alemania), Etiqueta Negra (Perú),Esquire (México), Il Manifesto (Italia) yEñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.

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Sobre Juan Gómez Bárcena:

Nace en Santander en 1984. Licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada (UCM). Es autor de las novelas El héroe de Duranza (Ed. Ir Indo, 2002) y Farmer Stop (Ed. Complutense, 2010) y con sus obras ha obtenido, entre otros, los premios José Hierro de Relato y Poesía del Ayuntamiento de Santander, el Premio Internacional CRAPE de cuento o el Premio de Narrativa Ramón J. Sender, y ha sido finalista del XII Premio Mario Vargas Llosa NH de libro de relatos. Su última obra es el libro de relatos Los que duermen (Salto de página, 2012).

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