Entrevista a Guillermo Busutil

Por Cristina Consuegra

El periodismo y la literatura hace tiempo que apostaron por la evasión

acostamos con la crisis -y sus mutaciones- trenzada a nuestra respiración. Despertamos de la misma manera, con el eco de la radio informando sobre nuevas miserias políticas. Los periódicos simulan advertencias, algunos apuestan por el rigor, todos luchan por un espacio propio. Real o ficticio. Con este escenario conocido, cotidiano, Guillermo Busutil ha elaborado Noticias del frente (Tropo editores, 2014), una antología de piezas periodísticas, a caballo entre la literatura más exquisita y elegante, y la efervescencia del mejor periodismo -el mismo que ha aprendido a medir las variables de la experiencia de la vida y que huye de la cultura de la mediocridad-, con la que mirar a los ojos de la realidad para traducir ese cara a cara en palabras que son muralla.

En Noticias del frente, el lector encuentra al Busutil más preciso, un título sostenido por el significado de conceptos tan poderosos como rigor, experiencia, justicia y memoria. Palabras que hacen de esta obra pura artesanía de ideas. Por ello, este título debe acompañarnos en nuestra cotidianeidad para diferenciarnos del cobarde, del político de pacotilla. De la indigencia cultural y de esta realidad tan injusta que quizá, con demasiada frecuencia, olvidamos que depende de nosotros, que podemos cambiarla en el momento que lo decidamos.

Eliges Noticias del frente como relevo natural de Vidas prometidas, un conjunto de relatos que te ha concedido grandes alegrías. Esta opción implica cierto riesgo, ya que, a pesar de que la poética de Busutil está muy presente en ambas obras, conduces al lector de un territorio estrictamente ficcional a otro en el que la ficción y el aliento periodístico deben calibrarse con igual precisión. En relación con el lector, ¿qué comparten ambos títulos? ¿Qué te ha solicitado Noticias del frente que no te pidió Vidas prometidas?

Los dos libros son complementarios. En Vidas prometidas quería que la ficción tuviese un profundo aliento de realidad y también abordar los primeros signos de la crisis, su amenazante presencia como sombra, como asfixia moral, psicológica, emocional. En cambio, en Noticias del frente parto de lo real, de las tragedias de la actualidad diaria y aunque las desgrano, las analizo y disecciono desde el periodismo las deslizo a lo ficcional, con la decisión de encontrar la historia humana con la que crear un relato rebelde, ético, combativo, con los pies metidos de lleno en la mierda, el sudor y la sangre de la crisis. Vidas prometidas me pidió trazar la emoción desde lo poético de la mirada de la memoria y de lo cotidiano. Noticias me exigió meterme dentro del desgarro e intentar suturar las heridas del presente.

En ambos títulos, la realidad es la columna del esqueleto de las obras. Eso sí, la realidad, si me permites la expresión, made in Busutil, una realidad medida bajo el prisma de quien exige otro acontecer –más justo, más libre- y construida a partir de variables literarias. ¿En qué momento la realidad se convirtió en amenaza para el ciudadano?

La realidad siempre es una amenaza para el individuo, para el ciudadano. La gente vive  una abstracción de lo real en función de su educación, de su cultura, de su economía de lenguaje y de análisis de lo que vive, de lo que anhela y de lo que teme. La evidencia es el espejismo del falso estado del bienestar, la burbuja económica, que nadie ha querido ver y sin embargo estaba a diario delante de los ojos. Hasta que un día lo real deja de ser una abstracción, una poética de la mirada, un discurso cultural, y nos estalla delante todo lo que era real: la corrupción, el poder económico, la depredación social del neoliberalismo, la falta de compromiso, el desguace filosófico, el paro, los desahucios, la demolición de antiguos derechos y la realidad convierte a los ciudadanos en víctimas, en rehenes de la macroeconomía, de la codicia de un grupo elitista. Es como si pensáramos en el agua. El agua escasea cada vez más y es un bien que deberíamos cuidar, culturizar, administrar. Lo sabemos pero no lo hacemos. Hasta que un día abrimos el grifo y no salga nada, y no haya dónde buscarla cerca.

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En este título, la mirada crítica, la observación meticulosa y honesta, sostiene buena parte de la estructura de Noticias del frente. ¿Qué le sucede a la sociedad actual para mostrarse tan frágil y vulnerable?

Que durante décadas no ha sabido establecer diques de contención y estrategias de crecimiento, de progreso e incluso de defensa basadas en la educación, en la cultura, en la ética, en el compromiso, en el esfuerzo, en el diálogo, en la pluralidad. Cada término es la raíz de un árbol, que es el árbol de la libertad, y hace falta regarlas, valorarlas, fortalecerlas a diario. Una sociedad frágil y vulnerable es la que sólo se ha edificado sobre el pilar de lo económico y el cuento de la lechera que genera, incluso el espejismo que proyecta su auge temporal. Un ejemplo es Detroit, la ciudad que fue número uno en producción automovilística, un modelo del sueño americano, actualmente desierta y fantasmagórica. También una sociedad que no fundamenta su bienestar, su fuerza, su identidad, en las personas en lugar de en estrellas efímeras es una sociedad condenada al derrumbe.

Uno de los elementos sobre los que pivota la poética de esta colección de piezas dominicales es la idea de periodismo. Camus publicó un manifiesto sobre el periodismo libre en tiempos de conflicto; en él, afirmaba que las señas de identidad de éste eran la lucidez, la desobediencia, la ironía y la obstinación, sin duda, puntos cardinales de Noticas del frente. En tu obra, ¿hay más obstinación o más desobediencia?

La voz del libro es un equilibrio entre el rigor del diagnóstico, la serenidad de la reflexión y la fuerza de la rebeldía y la desobediencia.

Aunque hoy parezca una utopía, ¿cómo se logra un periodismo libre real, desligado del poder?

Es difícil. El prestigio y la rentabilidad de una empresa de comunicación debería basarse en el rigor, en la credibilidad, en la calidad y en la independencia de la información que ofrece. Es la única manera. Si un medio, una empresa, se distingue por esto y consigue mantenerse logrará lectores, conseguirá publicidad y obtendrá respeto por parte del poder político. Pero lo normal es buscar la rentabilidad inmediata, no significarse. En este país, incluso en Europa, la cultura de la mediocridad ha hecho mucho daño. A nivel individual un periodista debe hacer igual, aunque mantenerse en esos principios es una batalla diaria. No obstante hay que poner empeño.

Es realmente complicado mirar a la realidad para analizarla buscando el detalle, lo subjetivo, aquello que concede al acontecer un valor sentimental y distintivo. En tu caso, ese escudriñar se vuelve más complejo porque lo dotas de un armazón literario. ¿Cómo se logra ese punto exacto, entre el aliento del periodismo y la carne de lo literario?

Depende de la mirada, de cómo escudriñas para encontrar en el detalle la rendija de lo poético, el pasillo hacia la ficción, el aleph del lenguaje. La pequeña historia a la que sacarle a la superficie su humanidad o a la que puedes dotarla de la misma. Yo aprendí de Cortázar que en lo insignificante, en lo pequeño, hay un mundo, que en un relámpago late también un corazón al que escucharle su relato. Y luego es necesario equilibrar los dos lenguajes, sus reglas, sus estructuras y exigencias, crear desde la frontera. Para mi es fácil. Todos los que hemos crecido en una frontera tenemos esa mirada fronteriza, ese saber cruzar de un mundo a otro, y ser los dos.

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Noticias del frente reúne buena parte de tu trayectoria periodisticoliteraria más reciente. En todo este tiempo, habrás visto múltiples realidades, sus mutaciones y urgencias. ¿Cómo ha ido cambiando la labor del periodismo? ¿Y el valor de la literatura?

Todo cambia para que siga igual, que diría Lampedusa. El periodismo se ha deslizado a la evasión, a lo anecdótico, a lo superficial, al efecto placebo de la realidad. Y la literatura ha hecho lo mismo. Ambos géneros, los dos lenguajes, han desertado de registrar e iluminar los ángulos oscuros de la realidad, de cuestionarla, de sacar a la superficie su alma y sus sombras. El periodismo y la literatura hace tiempo que apostaron por la evasión, el artificio, lo efímero, por anestesiar al lector y ponerlo a salvo de lo real, de lo doloroso, de lo que provoca que tenga que preguntarse y pensar.

Quizá para muchos, el ejercicio de la palabra sea algo obsoleto, pero algo debe tener esta herramienta de trabajo para que siglos después del primer trazo sigamos creyendo en su poder. ¿Cómo se combate esta suerte de agnosticismos cultural?

La palabra continúa siendo un arma cargada de vidas, una llave que abre la entrada a otros mundos posibles, la luz con la que uno se ilumina en la soledad y en su propia oscuridad. La palabra es magia y siempre habrá un chamán que sepa conjurarla. Aunque no haya libros ni teatro ni orquestas ni bailarines ni pintores ni público, siempre habrá alguien que haga de la palabra un grito, un canto, un dibujo, un susurro que moverá el viento, que moverá el mar y que alguien terminará escuchando en otro lado. La palabra ni si siquiera la amordaza el silencio. Otra cosa es que la cultura esté en la UVI por culpa de la instrumentalización política y la deseducación que promovió la imagen como un antídoto contra la palabra como lectura.

El libro está estructurado en las secciones en las que se divide un periódico, homenaje formal que refuerza el aspecto argumental de cada pieza. ¿Cómo te has enfrentado a la selección de textos que componen cada bloque? ¿Y quienes respiran tras los mismos?

Fue relativamente fácil. Una de las cosas que me gusta de Noticias es que ha sido un work in progress, he ido trabajando semana a semana su estructura, sus capítulos, los temas y luego sólo tuve que hacer una selección que hilvanase de forma natural cada pieza de cada sección. Incluso que haya piezas intercambiables. Y está claro que la respiración es la fotografía en blanco y negro del corresponsal gráfico y el latigazo emocional del cronista en el frente de batalla. Y ese equilibrio entre el rigor de la actualidad, de la noticia, su semilla humana y su deslizamiento hacia la crítica y la ficción como un golpe de mano combativo en lo político, lo económico, lo social, lo cultural.

Una de esas secciones es la de Política, bloque en el que reflexionas sobre el poder, la inmigración, la corrupción, el compromiso,… Una de las piezas que lo componen es “La cultura de la mentira”, en ella escribes: «Incluso la prensa ha contribuido a que la mentira sea más sofisticada y modifique la naturaleza del lenguaje.» ¿Ha sido este culto a la mentira el mayor pecado del oficio?

Sí, uno de ellos. Hace tiempo que el periodismo contribuye a extender e inculcar la propaganda oficial y también la contrainformación. Dos formas tóxicas hacia el lector y la ciudadanía.

¿Ayuda Noticias del frente a entender lo que somos? ¿Y en el encuentro con el Otro, como diría Kapuściński?

No soy yo el que debe responder. Sí que he intentado dejar en el libro, en cada relato, en cada crónica, un paisaje real, una respuesta moral, una forma de lucha y sobre todo una reivindicación de la dignidad, de lo que fuimos, lo que somos, lo que queremos ser. El encuentro con el otro está en el libro pero su última esencia, la que de verdad cuenta, está en el lector y en su encuentro con los demás, incluso consigo mismo, después de leer Noticias del frente.

Me parece curioso la presencia del sueño en diversas piezas… ¿inconsciente aparición?

No, el sueño es el cauce más íntimo de la esperanza, es una vía secreta que también conduce a la imaginación, a convertirnos en personas mejores. Es la cometa que nos eleva hacia la libertad más abierta a todas sus posibilidades. Es también una excelente manera de entender nuestros miedos. Si uno deja de soñar deja de combatir.

Dices «Me gusta leer fotografías». Lo fotográfico está muy presente en Noticias del frente. ¿Consecuencia natural de ese mirar singular?

Sí. La fotografía es la mirada que puede transformarse en palabras. Y cada fotografía es un relato, la historia de una sombra, de una luz, de una persona, de un espacio. El otro día escribía acerca de Cartier-Bresson y hablaba del cazador de instantes, del ladrón de miradas. Y los escritores también somos eso.

Tienes muchas pieles, la de escritor, periodista, hombre de radio, crítico… Una de esas identidades es la de director de la revista Mercurio, una de las más prestigiosas en materia de crítica literaria. Desde esta atalaya privilegiada observas el futuro más próximo de la escena literaria nacional. ¿Por qué momento pasa la gestión editorial?

La gestión editorial está en un momento muy complicado. Sobrevive entre una huida hacia delante editando más títulos de los que pude asumir la realidad del mercado de la lectura. Se conforman grandes grupos con la idea de etiquetar e inculcar una determinada literatura y los clásicos, la literatura que no sólo busca entretener y se compromete con el lenguaje, con otros modos de mirar y de contar se refugian en pequeñas editoriales. Pero pocos se preocupan de ir a la raíz: a la educación, a hacer otra relectura más eficaz del hecho de leer y su hábito.

A modo de cierre. En Noticias del frente, afirmas «Vivir no se celebra. Se hace, se siente…» ¿Y escribir?

Escribir es una forma de de ser y de estar. Es la cordura del rebelde. La vida perfecta en la frontera.

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Sobre Cristina Consuegra:

Se define como escritora, crítica y agitadora cultural. Es miembro del consejo editorial de la revista universitaria de cultura de la Universidad de Málaga. Colabora con medios digitales e impresos. Sus cuentos y poemas han aparecido en diversas antologías.

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