Viva el ruido

Por Natalia Carrero

He recibido esta carta por correo postal, de una amiga que se encuentra en una clínica de desintoxicación para bolsillos pudientes. No tiene acceso a internet. Con su permiso, copio una parte sin revelar más datos.

PDVD_569

Debería buscar la palabra rabia en el diccionario, pero cuando una padece apatía crónica ni siquiera puede llevar a cabo esa clase de gestos que salvan porque te vinculan con la vida. Una está como medio muerta, ni aquí ni allá, y en ese limbo las palabras no son más que el eco menguante de lo que pudieron significar. ¿Sabes en qué creo a estas alturas de mi puta vida? Solo en la música, en un determinado tipo de ruido organizado de modo que te aterriza en el corazón de su mensaje con verdad desopresiva. Sin opresiones quiero decir. Espero que me entiendas, eso sí es un viaje. El mundo está demasiado liado, atenazado, forrado de demasiadas lianas, ataduras tan naturalizadas que creemos que no hay más movimientos posibles. Y esa música comienza por desatarlo; libera unas fuerzas que han tenido que madurar en la oscuridad. Solo creo en un puñado de nombres que debería ocupar la definición de rabia en un diccionario que sería de consulta obligada; éste sí. Me meo encima de los diccionarios con caché, cien páginas de prólegomenos, números romanos, firmas de apellidos lopedeveguescos y paratextos inanes antes de llegar a la letra A. Lo mío es una especie de depresión acomodaticia que solo las burguesitas podemos permitirnos. En el fondo somos vagas y nos abruma necesitar trabajar para comer, y tal como ahora están las cosas ni te cuento. Pero esto también tiene su doble lectura. Mi apatía, mi depresión, mi enfermedad, llámese mi mierda, al mismo tiempo es una forma de rebeldía contra todo lo establecido. Hay una anarquista encerrada en el fondo de mi corazón rosa y con topos a lo Hello Kitty. Un día no muy lejano la dejaré salir y arrojar bombas. Resulta gracioso que lo haya descubierto a los cuarenta años, en una clínica de desintoxicación precisamente. Mi violencia, te lo aseguro, no es nada comparada con la opresión de la que no estoy hablando porque no puedo. No puedo porque la he vivido, y como la he vivido solo me sale la reacción visceral. Me dirijo hacia ella con el fin de destruirla. Ahí sí que despierto de repente, saco las garras y segrego el veneno; me dejo de diagnósticos apáticos. Soy la salvaje adormilada que solo reacciona ante esa palabra con la que llevo noches de desintoxicación masiva sin dormir. Si hasta mi padre, mi mayor (casi escribo maestro) opresor, lo advertía a las visitas cuando yo era demasiado pequeña para replicar: «Cuidado que ésta muerde».

Fotograma de La mujer pantera.

Share Button

Sobre Natalia Carrero:

Nació en Barcelona. Ha publicado dos novelas en la editorial Caballo de Troya, la primera se titula Soy una caja (2008) -ha sido traducida al inglés- y la segunda Una habitación impropia (2011). En ambas demuestra un mundo propio, tan intimista como perturbador.

.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Realice la operación de verificación * Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para el uso de este recurso.

ACEPTAR
Aviso de cookies