Un asunto sentimental

Por Luis de la Peña

Esta reseña se complementa con una entrevista a Jorge Eduardo Benavides, hecha por Lorenzo Rodríguez. 

Un asunto sentimental. Jorge Eduardo Benavides. Editorial Alfaguara. Madrid, 2013. 340 páginas, 18,50 €.

 

Amores, viajes y literatura, ciudades que se suceden como destino o el espacio donde encontrarse: con una mujer o consigo mismo; con un porvenir incierto. O perderse y perder. Estos son los elementos, junto con una magnífica prosa, que se presentan y con los que se va construyendo Un asunto sentimental. Pero, más allá de las apariencias, al otro lado incluso del discurso narrativo, está la necesidad de explicarse por qué las cosas son así, si es que realmente son de esa manera o nosotros queremos verlas a través del cristal que nos hace observar los asuntos (sentimentales y los otros) traídos y llevados por voces y miradas otras, y distorsionar la realidad para acomodarla a nuestro entender.

El escritor Jorge Benavides (sin duda, alter ego del autor) se encuentra en el puente de Rialto veneciano con Albert Cremades, un escritor al que le acaba de sonreír el éxito comercial. La fortuna y los viajes quieren que Benavides se encuentre en unos de sus muchos viajes con una mujer, Dinorah Mansur, siria de origen peruano. El trío, lleno de sombras y penumbras, en el que se van mezclando los asuntos sentimentales con otros de carácter tímidamente literario, irá planteando a lo largo de la novela no sólo sus peripecias vitales, amorosas y novelísticas, sino sobre todo el estado moral en que se mueven los personajes y, por tanto, de la sociedad en la que viven. Dinorah aparece y desaparece como una sombra a la que Jorge Benavides (el personaje) se empeña en recobrar. Pero los ecos de esa sombra aparecen y se desvanecen con la misma facilidad. Su propia personalidad se plantea en el relato como un enigma que el protagonista ansía desvelar, encontrarla para develar, para explicarse el porqué de las cosas, de su existencia, de su modo de obrar y, sobre todo, para de una vez enterrar definitivamente un amor que ya acaso podía estar muerto, y además despejar de su conciencia el peso moral que supone reconocer en aquella vieja relación el sedimento de la abyección, la atracción fatal que guía la protagonista de una sombra. Porque muy pronto, apenas Dinorah desaparece en el viaje de encuentro y desencuentro que realizan a Nueva York, las informaciones que llegan a sus oídos de aquí y de allá van dibujando, difuminando el retrato de Dinorah, que ahora es una estudiante en Barcelona o una activista política seguida por la policía y los cuerpos diplomáticos de varios países europeos. Porque Dinorah es siria, esto es, de un país musulmán; pero es también peruana, y los ecos funestos de Sendero Luminoso se extienden como una mancha de aceite difuso que contornea las sombras de aquella enigmática mujer.

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En un punto de la novela, el autor nos relata de forma magistral los atentados del 11 de marzo de 2004. Es una escena de una enorme delicadeza: no hay muertos ni ruidos estridentes de bombas, sino el repentino y repetido sonar de cientos de teléfonos móviles ante un semáforo de la madrileña Puerta del Sol. El autor nos deja una pista de sus preocupaciones: el terrorismo. Y el binomio Siria-Perú viene a definir esas líneas del terrorismo: yihadista y el de Sendero Luminoso.

Razón de más es el título, en buena medida, emblemático de la novela que está escribiendo el protagonista. Así, la literatura, la escritura no es más (o sobre todo) una forma de explicarse o de huir de la realidad, «porque es la mejor manera de huir de uno mismo». De tal modo que la escritura de Un asunto sentimental, con los dos personajes escritores (Albert Cremades y Jorge Benavides), es el modo de inventar la realidad y darle la vuelta para que la realidad sea ficción. ¿Dónde está el lado de acá y el de allá, el de la realidad y el de la ficción? Acaso converjan en un punto que es el de la verdad. O al menos así lo desearía el autor. Claro que la obra lo que plantea no son respuestas, sino dudas, sombras que se desplazan por la novela y en las que el lector debe ir indagando otro nivel más hondo y, tal vez, lejano de la realidad. Porque, a pesar de la apariencia de una novela sobre el propio hecho de novelar, el texto es sobre todo una indagación sobre las sospechas y cómo estas pueden ir constituyendo una forma distorsionada de la verdad. «Es interesante la manera en que muchos odian visceralmente las dictaduras que aceptan con felicidad para otros», comparte Benavides con Fernando Ampuero en los días del Perú.

Como en cualquier ficción, la novela es un confuso baile de mentiras y verdades que Jorge Eduardo Benavides (ahora sí, el autor de Un asunto sentimental) ha sabido llevar y llevarnos a lo largo de un viaje por ciudades en las que transita, además de los amores y la literatura, el conflicto del mundo actual sobre el que pesa demasiado el fundamentalismo, sea del tipo que sea.

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Sobre Luis de la Peña:

Nació en Madrid en 1951 y estudió Filología Hispánica (Literatura Hispánica) en la Universidad Complutense de Madrid, donde se licenció y siguió cursos de doctorado en literatura contemporánea. Ha ejercido la crítica literaria para diversas publicaciones (El País —en Babelia, durante más de once años—, El Mundo, El Independiente, Ya, La Razón, El Correo de Andalucía, Ínsula, El Urogallo, La Estafeta Literaria, Quimera, Letra Internacional…, entre otros muchos); en la actualidad, es profesor de Literatura en la UNED.

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